jueves, 29 de enero de 2015

El regreso de Alfonso Portillo a Guatemala Y la incurable hemplejía moral del pueblo

JOSE RUBÉN ZAMORA

He perdido por completo mi capacidad de asombro; he perdido también mi fe en Guatemala; he llegado a la conclusión que mi trabajo periodístico jamás ha tenido sentido ni trascendencia; que debo abandonar la prensa y el periodismo y debo divorciarme de mi país y de mis paisanos, que lamentablemente padecen una severa e incurable hemiplejía moral.

Cómo es posible que Alfonso Portillo, en lugar de entrar de regreso a Guatemala con discreción, con vergüenza, como el avestruz con la cabeza escondida, con pintura invisible, de retroceso para que creamos que va de salida, más bien regrese triunfalmente, como superhéroe, como un semidiós, cuando es un despreciable asesino impune, un hombre sin principios ni valores, un corrupto inescrupuloso, un pragmático pervertido y un ratero cualquiera.

Encima, que anuncie con absoluto desparpajo, que en su comité de recepción y bienvenida y de organización de una gira apoteósica de “agradecimiento” estará lidereado por un personaje impresentable y siniestro, vinculado a la corrupción, al contrabando y al narcotráfico de nombre Julio Girón.

Qué desmemoriados somos: olvidamos que junto a los hermanos Salam, a Napoleón Rojas, Arévalo Lacs, Ríos Sosa, Ortega el Titiritero y padre putativo de Portillo, Abadío y Carlos el Wason De León, entre otros sinvergüenzas de colección, formaron más que un Gobierno, una banda de delincuentes manolarga temible, voraz e insaciable, que entre otras actividades se dedicaba con ahínco al negocio de polvo blanco que no es harina y a llenarse los bolsillos con el dinero del presupuesto del Estado, donaciones de Taiwán y extorsiones y chantajes a empresas privadas.

No cabe duda que el guatemalteco admira y le quema incienso y como bien lo expresa Vargas Llosa “rinde culto al superhombre que sabe salirse con la suya aplastando a los demás y desprecia al bueno, al ingenuo, que por respetuoso de la norma, está condenado a fracasar en lo que emprende.

Las miserias del país no cesarán y más bien aumentarán, hasta que recompongamos nuestra tabla de valores semánticos y dejemos de llamar vino al pan y pan al vino”.

Cuando degrademos al más profundo de los infiernos a los amorales, pícaros y sinvergüenzas que nos dirigen y han dirigido y ascendamos de un solo envión, a presidir, dirigir y coordinar los esfuerzos nacionales al ridiculizado hombre decente, moral y escrupuloso. “Porque no son los pícaros, amorales y sinvergüenzas simpatiquísimos que actúan como si estuvieran más allá del bien y del mal los que labran la grandeza de las naciones, sino esos aburridos personajes que conocen sus límites, que diferencian lo que se debe hacer y puede hacer de lo que no y son tan poco imaginativos que viven siempre dentro de la Ley”.

En cuanto a mí, he arado en el mar y no estoy dispuesto a seguir desperdiciando mi vida y corriendo riesgos ilimitadamente, cuando vivo en una sociedad inconsecuente, sadomasoquista, desmemoriada y con hemiplejía moral, que ahora, estoy seguro, ha tenido, tiene y tendrá por norma los gobiernos que merece.

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